01 noviembre 2026

Volkhavaar

 


Me sorprendió el nivel de esta novela. Antes de leerla, encontré algunas reseñas que subrayaban su sencillez y pensé que sería funcional, comida rápida para entretenerse un rato —eso no es malo; a veces viene bien—; pero no es así. Volkhavaar ofrece una narrativa romántica extraordinaria dentro del género fantástico. Es el primer contacto que tengo con Tanith Lee y me dejó con ganas de echarle un vistazo a El señor de la noche, su título más célebre.  

La prosa es exquisita, rica en vocabulario, musicalidad, recursos, fluidez... y al mismo tiempo logra que la trama tenga buen ritmo. Lo último se debe a que la información está dosificada de manera magistral. El primer capítulo muestra a la protagonista, una esclava bella y con cierta nobleza, y su pequeño mundo: los amos, sus tareas y el entorno. Eso es suficiente para introducir al lector en la historia con rapidez, sin marearlo con decenas de nombres e informaciones secundarias. Lee va al grano. Por eso quizá su estilo no se hace pesado en ningún momento. 

También en el inicio se establece la situación que marcará todo lo que viene después: la esclava, Shaina, tiene un encuentro con una bruja, la cual vaticina que la buscará en el futuro para solicitar su ayuda. Más tarde Shaina se enamora de un actor que visita la aldea. El problema es que está maldito: es una marioneta sin alma que pertenece a Volkhavaar, un brujo que obtiene sus poderes de una deidad oscura. Por lo tanto, es incapaz de corresponder a ese amor y se aleja de la aldea junto a otros condenados. La esclava queda así enamorada de un esclavo. 

La predicción anterior no tarda en cumplirse, pues Shaina va en busca de la bruja y le ruega que la ayude con ese asunto. La bruja le ofrece un pacto: poder a cambio de sangre. Quiere alimentarse de la joven esclava durante unos días, cual vampira, con el objetivo de rejuvenecer un poco y sortear a la muerte. A cambio de esto, Shaina será capaz de separar el alma del cuerpo durante la noche para buscar al amado. 

Y así comienza la historia. Luego habrá una estructura que se moverá entre los tres personajes principales —Shaina, Volkhavaar y el actor— para narrar sus pasados y enlazarlos con el presente. El de Volkhavaar me pareció el más trabajado e interesante, porque tiene una personalidad muy particular ya de niño y eso le lleva a situaciones cargadas de iniquidad e ingenio. Se ve a sí mismo como alguien superior, pero en realidad es una víctima de su propio poder. Servir a un dios nefario no es la mejor de las opciones para una buena jubilación. 

Volkhavaar, además, me parece un alegoría del clásico petulante que habla con absoluta seguridad de cualquier tema y necesita una masa de prosélitos que asientan como muñecos. Se trata de alguien frustrado que arma un castillo de heno para alejarse de la realidad... aunque algunas veces afirme ser el portador supremo de la misma. «¿Qué buscas? ¿Quieres multiplicarte, centuplicarte? ¿Buscas prosélitos? Buscas ceros». Este tipo de personas pueden tener una erudición deslumbrante, pero les sirve de poco porque carecen de humildad. Por eso suelen acabar mal. 

Las analepsis de los otros dos personajes se quedan, pues, un poco por debajo; sin embargo, cumplen a la perfección. Tanith Lee da los suficientes datos para que se empatice con cada uno. Y sus finales me resultaron soberbios: contrastan de manera precisa con la filosofía de Volkhavaar y sirven de crítica a su visión. 

No vas a tener muchos combates, pero sí una sucesión de escenas muy bien construida, una escalera que no deja de ascender hasta un final donde todo se lleva al extremo. Y también hay momentos con bastantes posibilidades de sorprender al lector: alguien con buenas intenciones es capaz de cometer, a veces, actos terribles debido a ignorar ciertas cosas. 

Si te gusta la mezcla de romance y fantasía, será difícil que te desagrade este título. Y a veces aparece barato en librerías de viejo.