Voy a hacer algunos destripes leves. Son instantes que pueden producir un impacto negativo en el espectador —a mí me pasó—, y creo que su conocimiento reduce las posibilidades de que abandone la serie prematuramente. Por supuesto, eres libre de dejar la lectura. Te basta con saber que conviene aguantar hasta el final de la segunda temporada. Si para ese momento no te enganchó, no es tu tipo de ficción. No pasa nada.
Babylon 5 es una estación espacial donde diferentes especies establecen relaciones diplomáticas, entre ellas la nuestra. Aquí no hay una nave explorando las estrellas; hay, sobre todo, política. Vemos a individuos intentando sobrevivir a la psicología colectiva, al peso dramático que pueden tener ciertas decisiones.
La primera vez que entré en contacto con la serie fue hace unos diez años: intenté verla, pero abandoné durante los primeros episodios de la segunda temporada. No soporté que cambiasen al comandante de la estación porque tenía mucho carisma y un aura melancólica muy interesante. Su sustituto, además, me resultó genérico, el típico militar elocuente que llega para imponer orden. Tampoco me entusiasmó la promesa incumplida que se hizo con Delenn, la embajadora de una especie llamada minbari. Ésta pasa varios episodios en una crisálida porque va a transformarse, lo cual inyecta una gran expectativa. Es un buen gancho que, por desgracia, se convierte en decepción ante un simple cambio de peinado. Ni siquiera su personalidad evoluciona mucho. Yo esperaba algo más significativo.
Sé que hay explicaciones de peso para ambos casos, pero no evitan que sean lastres. Ahora bien, el nuevo comandante termina ganándose al espectador y la metamorfosis de Delenn no está tan mal porque conecta con lo que vendrá. No todos los espectadores se molestan con eso. Aun así, es posible afirmar que la serie tiene un momento crítico en el que algunas personas pueden decidir dejarla. Y es una lástima porque luego la calidad sube como la espuma. A mí me hubiese gustado saberlo y por eso lo pongo aquí.
La primera temporada es buena pero engañosa: da la impresión de que la serie es ligera, episódica, con personajes sencillos. Los dos más llamativos, G'kar y Londo, no parecen ser muy complejos. El primero tiene aspecto de villano astuto; el segundo, de recurso cómico para mofarse del imaginario castrense y aristocrático. Ninguno es lo que parece, lo cual irá quedando claro en momentos donde se entreven otras facetas de su personalidad. Para que te hagas una idea, yo empecé teniéndole tirria a G'kar y Londo me resultaba simpático; sin embargo, eso cambió por completo. No sólo dejé de sentir rechazo por G'kar: se convirtió en uno de mis personajes favoritos del género. Hay una escena suya que me parece sublime porque muestra una fortaleza ética extraordinaria: la maldad del otro no justifica la nuestra.
Pienso que ese par de alienígenas son el alma de Babylon 5; ambos tienen una excelente historia compartida y contradicciones internas que les llevarán por sendas tortuosas.
Moviéndose entre bambalinas tras esos y otros diplomáticos, se halla el representante de una especie antigua: los vorlon. Su embajador, Kosh, habla de forma críptica y está envuelto en enigmas. Usa un traje orgánico para ocultar su verdadero aspecto. Es una promesa del guión que se revelará en el momento adecuado y será muy satisfactoria, a diferencia de lo que ocurre con Delenn. Los vorlon son mi especie favorita: se alejan bastante de lo humano y el diseño de sus naves me parece genial.
Como no podía ser de otra forma, hay un villano recurrente: Alfred Bester, un telépata que pertenece a una organización con rasgos fascistas. El actor interpretaba a Chekov en la serie original de Star Trek y aquí hace un papel extraordinario. Es uno de esos personajes que se quedan insertados en la memoria para siempre. Tiene diálogos ingeniosos y es capaz de sorprender, amén de ser alguien malvado. Está muy bien construido; es lo contrario de un personaje plano. Sus fortalezas, debilidades e intereses se irán mostrando de manera progresiva.
Bester no es la única dificultad: además de los inevitables conflictos fronterizos y raciales, las diferentes razas de Babylon 5 se enfrentan a una amenaza grave que podría acabar con todos: las sombras. Son un enemigo común taimado y complejo porque se infiltra y manipula. Eso da pie a uno de los mejores guiones que he visto en una serie. No hablo de ciencia ficción, ojo, sino en general. Y soy un seriéfilo. Sin revelar mucho, diré que en ese capítulo descubrirás la diferencia fundamental entre G'kar y Londo, por qué en ese instante hay una barrera entre ellos. Es un detalle sutil, filosófico e ingenioso. A veces los detalles pequeños son los que marcan los mayores abismos.
Diría que las mejores temporadas de Babylon 5 son la tercera y la cuarta, donde culmina la guerra contra las sombras. Lo único que no me gusta de esos enemigos es la estética de sus naves: simplemente, usaron un concepto oscuro y arácnido que provoca rechazo en nosotros. Habría preferido algo más ignoto, extraño. Incluso lovecraftiano. Sin embargo, cumple con su función de desagradar.
La quinta temporada es más tranquila, con menos giros; pero se deja ver y cierra muy bien los diferentes arcos. El guion es magnífico y tiene continuidad. Detalles que se mencionan en los primeros episodios se resuelven bastante más tarde. Eso da cohesión, una armonía intensa que no se percibe tanto en otras producciones similares porque acaban perdiendo el rumbo antes de llegar al final.
Me parece lógico que siga contando con un buen número de seguidores. Es una de las mejores del género y la recomiendo desde aquí. Muchos de sus conflictos diplomáticos son un reflejo de nuestras tensiones políticas, las cuales se mueven en terrenos complejos, grises; aunque se intente vender algo más simple al ciudadano.
