lunes, 2 de abril de 2018

Las aventuras de Gotrek y Félix


Aunque no suelo acercarme a la fantasía clásica cuando escribo, es uno de los géneros que más me gusta leer: ritmo frenético, duelos apasionantes, diferentes razas, batallas. Por lo tanto, era cuestión de tiempo que acabase leyendo las aventuras de estos dos famosos personajes. Aún recuerdo la primera vez que los vi en mi primer libro del imperio, época donde pensaba en qué ejército de Warhammer podría coleccionar sin dejarme los cuartos, lo cual era una empresa difícil. 

Días atrás, empecé el primer volumen de la serie, Matatrolls. Dejando a un lado que para el autor todo es ominoso, que muchos son aficionados a encogerse de hombros y que siempre hay un hechicero brillante cuando lo necesitas, no está mal. Tiene algunos fallos imperdonables, pero no deja de ser divertido si te van ese tipo de historias. Y como Matatrolls está compuesto por varios relatos en orden cronológico, sería raro que alguno de ellos no te gustase. Ahora bien, unos son indiscutiblemente mejores que otros.

Los dos primeros, Noche de difuntos y Jinetes de lobo, están notablemente ejecutados y le dan al lector lo que busca; aunque éste puede empezar a intuir que la fórmula va a repetirse bastante: viaje, pelea y combate final con villano. Asimismo, puede darse cuenta de que el lacónico enano es un personaje carismático pero limitado: un matador poco va a evolucionar, salvo en las nuevas cicatrices que se vaya haciendo. Félix, por otra parte, sí que ofrece un cambio ostensible a medida que los combates hacen mella en él; el contraste entre los dos —enano que busca redención, morir con honor, y poeta que lo sigue por compromiso— se va diluyendo. Así el cliché se palía un poco, al menos. 

En Tinieblas bajo el mundo se sigue manteniendo el nivel de los dos anteriores. Lo malo es que contiene un par de «casualidades» que lo empañan; en consecuencia, los lectores que le den importancia a esos detalles sufrirán un paro cardíaco. Por suerte, ocurren en medio de un muy buen combate, lo cual le pone un remiendo al asunto. 

No puede decirse lo mismo de La marca de Slaanesh, uno de los peores relatos que he leído nunca. Aquí voy a hacer un destripamiento, lo siento: Willian King nos pone frente a uno de los antagonistas más odiosos que pueden concebirse, alguien con todos los defectos imaginables, y cuando por fin, tras mucha reflexión superflua y paja a montones, llega el esperadísimo momento en que va a recibir lo suyo... ¡elipsis! ¡No hay final! Advertencia: experimentar esto de primera mano puede provocar un ataque epiléptico que derive en posesión demoníaca. 


Por si fuese poco, uno de los motores principales que hacen funcionar a estas historias, la desabrida y alocada personalidad de Gotrek, es anulado del todo gracias a una pedrada en la cabeza y la consecuente amnesia. ¿Adivinas cómo se la cura?

Sangre y tinieblas está muy por encima del anterior, pero es un relato que se amolda demasiado a la fórmula citada: paseo, lucha mientras suena la banda sonora de Y si no, nos enfadamos, y supervillano. No aporta nada más allá de ello. Hay un asedio soso que intenta dar variedad, eso sí. 

Mi relato preferido, con diferencia, es El señor de los mutantes. La trama esconde una sorpresa que pilla desprevenido al lector... Es cierto que se descubre antes de que King la desvele, pero funciona igual. Además, el malo de turno tiene un matiz cómico que lo diferencia de sus predecesores y le da mayor interés. Y aquí los protagonistas lo van a pasar mal de verdad porque se enfrentan a la terrible magia de Tzeentch, el que cambia las cosas, no es otro huero cruce de aceros. Las primeras miniaturas que compré de Warhammer, cuando tenía unos once años, eran de este dios, y aún es mi favorito.  

Y el último, Los hijos de Ulric, tiene un grave problema: no está Gotrek. Sin él la historia se queda coja porque Félix no da la talla si está solo. Y tampoco lo haría el enano; ambos personajes han sido diseñados para complementarse. Si al menos no hubiese situaciones recicladas del anterior... o el final no fuese, de nuevo, segado sin miramientos... Mal relato, aunque sea mejor que La marca. Willian King transmite aquí cansancio, como si buscase acabar lo antes posible.

La mayor parte del tiempo fue una lectura divertida, así que ahora probaré con Mataskavens. Me han dicho que no está construida a base de relatos cortos. ¿Habrá cambiado también el esquema? 

2 comentarios:

  1. ¿Es mejor que las novelas de Reinos Olvidados? Alguna son infumables y me da miedo abrir este melón...

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    1. Mataskavens cambia los relatos por una historia larga, pero es más de lo mismo. Yo de momento no voy a leer más de esta saga. Es divertida, eso sí. Me gustó más que las infumables de los Reinos.

      Si te gusta mucho, mucho, mucho la fantasía y no encuentras algo mejor por ahí, prueba. Ahora bien, no esperes nada fuera de lo común.

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