jueves, 8 de octubre de 2015

Si tienes la piel fría, tal vez seas un profundo


Primero, antes de empezar la reseña, dejemos las cosas claras y el chocolate espeso: no existe ningún vínculo que me una al autor..., y tampoco importaría si lo hubiese, porque soy un huraño al que no le interesan ni lo más mínimo las alabanzas vacuas, o formar parte de clubes pretenciosos; en consecuencia, mis reflexiones serán sinceras, lo cual no me libera de cometer errores, claro. Errare humanum est. Todo esto viene porque las críticas interesadas están a la orden del día, los arribistas asolan Facebook y similares. No hablo de esta obra en concreto, por supuesto; aunque desconozco qué habrán dicho de ella y por qué. 

Tenía pensado escribir otro de mis dislates filosóficos, pero la lectura de La piel fría me apartó de esa idea: cuando una obra te sorprende tanto, cuesta callárselo. Además, se trata de una sorpresa grata, pues hacía innumerables evos que no me lo pasaba tan bien con el género terrorífico.

Albert coge prestado lo mejor de Lovecraft, su portentoso imaginario, y lo usa para crear un libro que atrapa desde la primera página, porque plantea una situación que resulta interesante por sí misma: dos hombres atrapados en una isla remota donde reciben visitas nocturnas de los carasapo, raza de anfibios antropomórficos que recuerda a los famosos profundos. El faro de la isla, refugio de esos desgraciados, recibe un ataque tras otro, casi sin pausa, como si los monstruos fuesen interminables. Ambos saben que el final es inminente, mas tienen armas y están dispuestos a agotar su munición antes de ser devorados. Las escenas de lucha que eso genera son épicas, evocan la resistencia de la compañía del anillo en Moria.

En mi opinión, el mayor mérito de la trama reside en que evoluciona sin perder un ápice de interés, no se vuelve redundante a pesar del escaso escenario. Entre asalto y asalto de los «profundos», aparecen novedades inesperadas. Yo, sinceramente, esperaba que el libro tuviese menos garra en los capítulos finales, porque el argumento pone unos límites muy estrechos. Por suerte, el autor sabe jugar bien sus pocas cartas disponibles y desvela los ases en el instante adecuado. Me recuerda un poco a Dafoe.

Seguro que si hubiese sido escrito en el país de las barras y estrellas, alguien se habría animado a hacer una película. ¿Qué podría haber hecho el genial Sam Raimi con esos emocionantes momentos de resistencia?

Sólo es necesario un requisito para adentrarse en la trama: acostumbrarse a la fragmentada prosa del autor, que en ocasiones se asemeja a la de Hemingway; mucho punto y seguido. Eso, y un pequeño topicazo en el final que podría haberse evitado, son los únicos aspectos negativos que le echo en cara a La piel fría. Por cierto, el desenlace es muy ingenioso, tanto que lo he colocado entre mis preferidos. Hay una magnífica obra de fantasía épica que usa la misma fórmula para terminar su historia. ¿Se habrá inspirado en ella? Obviamente, me reservo el título porque si la conoces... esto sería un spoiler.  Lástima lo de ese topicazo tan manido.

Nota final: 11/10   Está, junto a La noche a través del espejo, entre lo mejor que he podido leer este año. ¿Te agrada Lovecraft? Entonces seguro que te gustará La piel fría. ¿Lovecraft te parece un coñazo? Entonces seguro que te gustará también.