martes, 1 de agosto de 2017

Se apellida Noir


El apellido del protagonista, que además sirve de título, es un explícito mensaje dirigido al lector: esto pertenece al género negro, tanto que podría usarse como ejemplo perfecto del mismo. La novela no se sale de los cánones; o sea, despacho, cliente atractiva, asesinato, investigador moviéndose e indagando y resolución final. Lo interesante está en las abundantes descripciones, en cómo el autor les da, a veces, una sutil pincelada de fantasía que potencia el lado noir de la historia. No basta, verbigracia, con que aparezcan los ineludibles callejones oscuros, además hay varias amenazas en ellos que podrían acabar con la vida del malhadado detective..., eso sin contar que es fácil perderse en sus laberínticos recovecos. 

Rober Coover estaba, infiero, muy interesado en lograr que su texto fuese lo más inmersivo posible: lo ha escrito en la rara segunda persona, ésa que usan los librojuegos, y los diálogos están insertados en los párrafos. A mi juicio, la inmersión conseguida es casi absoluta; la atmósfera, que domina el noventa por ciento del libro, tiene tanto trabajo y cohesión que uno termina formando parte de ese pequeño universo: antes de que te des cuenta, estarás fumando un cigarro en algún rincón de la sórdida ciudad, arrebujado con tu gabardina. Ahora bien, es posible que el exceso descriptivo eche para atrás a algunos lectores, sobre todo si son pudorosos, ya que abundan las referencias sexuales, o lo suficientemente avezados en el género para darse cuenta de los topicazos. Lo último, sumado a la impaciencia, puede terminar con un libro defenestrado. 

La impresión que causan las primeras páginas es muy negativa, porque empieza con las mismas escenas que ya se han visto en tantas y tantas películas: mujer de piernas impresionantes —el protagonista tiene una obsesión con las piernas— entra el despacho de un detective privado para contratarlo; cadáver que desaparece y nadie parece saber dónde se halla; bares llenos de parroquianos peligrosos. Hay que avanzar un poco para empezar a darse cuenta de aquello que hace único a Noir. Coover, amén de los sutiles detalles fantásticos, intenta sorprender con acciones que van en contra de cualquier ética, y lo logra. Cuando creas que el detective no se atreverá a pensar o hacer algo concreto, tal vez te quedes asombrado. Phil M. Noir es capaz de todo.

Estamos, en consecuencia, ante una de esas novelas valientes que se atreven a cruzar las líneas rojas, a ser políticamente incorrectas e inconformistas. Me parece muy recomendable para cualquiera que esté un poco cansado del género y quiera algo diferente pero asentado sobre pilares clásicos. Eso sí, dudo que Noir sea una buena manera de adentrarse en el amplio universo detectivesco; hay opciones mejores para ello, como Hammett, Chandler y demás. Yo debo admitir que lo leí a ratos porque las toneladas de atmósfera me agotaban a pesar de su calidad; así que alterné su lectura con un par de ensayos. Si a ti en cambio te va ese estilo, adelante. Es bueno que haya diversidad para satisfacer los gustos de cada cual.