Durante el pasado Halloween, tras ver algunos filmes de terror, pensé que era un buen momento para leer algo de fantasmas, y escogí una de las obras que tengo pendientes desde hace un montón de años: Otra vuelta de tuerca. También se traduce, a veces, como La vuelta del torno o La vuelta de tuerca. Yo prefiero la primera opción.
No sé si se debió a la malísima traducción o al ritmo extremadamente lento, pero la experiencia fue aburrida. En ciento cincuenta páginas, entre numerosas, reiterativas y dilatadas reflexiones en primera persona, sólo hay unas pocas apariciones. Yo considero que la novela no envejeció bien, porque lo que antaño daba miedo ya no lo hace hoy; es muy difícil transmitir una sensación de miedo en el lector o espectador contemporáneo. Antes bastaba con el inquietante sonido de unos pasos en un pasillo, verbigracia. Por eso muchas películas de terror optan por el sobresalto, por incluir un movimiento repentino al tiempo que se eleva el sonido. Aunque eso funciona, sin duda, tiene poco que ver con lo que sentimos durante unos instantes cuando se va la luz.
Lo que aún hace que esta novela sea interesante es su atmósfera y la ambigüedad. La protagonista es una institutriz que viaja a un casoplón para encargarse de dos niños, en apariencia, muy educados. Todo es usual hasta que sucede lo impensable: ¡hay fantasmas! Éstos no hablan; se limitan a mirar con mucha torvedad. Lo extraño es que no parece que nadie los vea, excepto ella. En consecuencia, los lectores suelen confundirse: no saben si son reales o alucinaciones. Por mi parte, pienso que sí son reales porque en la trama hay detalles sutiles que lo dan a entender así. Te recomiendo que no sigas leyendo si todavía no conoces la historia, ya que voy a dar mi interpretación y, por ende, destriparla.
Puedo equivocarme, por supuesto; pero mi impresión es que ambos niños están poseídos, uno por cada espíritu. No totalmente, sino en parte, y el objetivo de los espectros es poseerlos del todo. Eso explicaría por qué el niño —son un niño y una niña— es expulsado del colegio: al parecer, fue porque dijo cosas malas, y justo el fantasma que quiere controlarlo era conocido por sus malos modos. La niña es alejada para evitar que la posesión progrese, ya que también dice cosas horribles. La muerte del niño en brazos de la institutriz sucede por un motivo: su conexión con el espectro termina, así que ese fallecimiento es en realidad una salvación. Todo esto es una cábala, porque Henry James no se molestó en explicarlo con detalle.
Si has leído esta historia y tienes una interpretación distinta, dímelo. Me interesa conocer otras opiniones. Podría afirmarse que la novela se titula así por la de vueltas que vas a darle en cuanto la termines. Como dije al principio, su lectura me aburrió; pero he de admitir que pensar en varias interpretaciones me entretuvo durante un rato. Pienso que la mía es plausible, aunque he leído otras igual de convincentes.
Como he dicho que mi edición está mal traducida, me parece conveniente señalar que no es la de arriba, la de Siruela, sino otra que se editó en el ochenta y cuatro. Y el traductor no es el mismo. Además, añado que la obra no es mala, porque después de leer esta entrada podría dar esa impresión. Lo que ocurre es que yo buscaba otra cosa en ese momento.